Once treinta y siete de la noche de un domingo que antecede a un lunes que comienza a primera hora de la mañana. Qué quiere decir eso de primera hora? El hombre es la medida de todas las cosas, quién es entonces la medida de la primera hora? El punto de partida? Quién fue primero, la gallina o el huevo o el idiota que inició con la pregunta?
Un cerebro que no quiere dar paso a Morfeo. Un cerebro que procesa pensamientos que no se resuelven, dudas que surgen, preguntas inconclusas, respuestas oscuras, frases estúpidas. Mi lucha. No hay que ser Hitler para tener una, me decía a mi misma esta mañana.
Esta luz acuática de pantalla de caja negra no colabora cuando se intenta escribir en un teclado que se siente ajeno, con unas manos que se sienten de otro, con unas ideas extrañas, en una habitación oscura.
Entrevista de trabajo a primera hora. Trabajos que detesto, horarios de gente gris, pequeños cubículos que comen sueños, que se tragan los colores, jefes que se alimentan de sudor ajeno, de necesidades, de alegrías perdidas, de ganas de vivir echadas a la basura. Salarios de miseria que hacen del insufrible vivir algo menos agobiante, dinero de mierda que nos unta a todos.
Talento que se desperdicia. Talento? Cuál talento! Desde cuándo saber cómo hacer una línea recta, hacer un doblez, o aplicar pegante es talento? Una profesión ingrata que solo entiende la palabra absorber, que lo exige todo, que no sabe más sino pedir para sí misma, que el mundo entero desprecia, incluyendome a mi en este preciso momento.
Buenos días señorita Yurlady, vengo a una entrevista de trabajo, sí, soy profesional, claro, de la mejor universidad, que por qué estoy acá? Pues porque shit happens hasta en las mejores familias, o en todo lado se cuecen habas, o tal vez porque mi karma necesita limpieza, humildad, matar el orgullo, dejar la pedantería, pisar el suelo, arrodillarse.
A la gente buena le pasan cosas buenas dicen por ahí. Pues por ahí se equivoca. No hablo por mi claro está, de buena no tengo ni el alma. Pero se de gente, he oido rumores, gente buena a la que le arrancan la vida, a la que le cambian el rumbo, a la que le cortan las alas. Dios escribe derecho con renglones torcidos. Hoy quiero que Dios me diga cuántas veces al día se ríe de esa frase.
Ha llegado la hora de cerrar los ojos, o intentarlo, o dar vueltas en la cama, lo que primero venga, lo que primero se me ocurra, mañana será otro día, o el mismo, o la misma vaina que hace 5 años, la misma lucha, la misma pelea con uñas y dientes por ser algo en este puto mundo de nadies que quieren imaginar ser algo. Patrañas. Doce y diez minutos.







