Me gustaría comenzar esta carta diciéndole cuánto la extrañé. Es usted la que siempre ha estado a mi lado desde que tengo memoria. En las buenas y en las malas, sobre todo en las malas, sobre todo cuando no hay más nadie. Es usted la que me abraza y me llena cuando todo lo que me rodea es vacío, cuando no se siente ni dios…a veces me pregunto si dios es su álter ego. La misma moneda por otro lado, o por el borde. Estoy por concluir que usted es el filo de la eterna moneda.
Sé que estos últimos meses he estado algo callada con usted, parca, por decirlo de alguna manera. Pero usted, siempre fiel, se ha encargado de recordarme lo cercanas que somos y lo presente que se encuentra en mi vida.
Esta semana la vida me pidió que me rindiera al conformismo, a la vida de la gente regular, cuerda y responsable. Usted sabe que no es la primera vez que la vida me tienta. Cómo no saberlo? Si es usted y nadie más quien me acompaña en esas horas insufribles, cuando las opciones siempre se reducen a complacer o a complacerme.
Finalmente, es en sus brazos donde siempre llego a la misma respuesta. Tome la decisión que tome, la sociedad seguirá siendo la misma, conmigo a sin mí. En cambio, yo sin mí, estoy perdida. Le confieso que cada que llego a esa conclusión me siento un poco más poderosa – Una batalla más que ganas – me digo, pero también tengo presente que finalmente, a mí me quedan incontables batallas, la vida en cambio sólo tiene que ganar una vez.
curioso que silencio y penumbra terminen siendo, a estas alturas de la madurez, sinónimos de lo que era, al comienzo de la existencia, sinónimo de temor y castigo…
Me encanta volver a leerte…
Saludos cordiales desde la fría y lluviosa Bogotá
Ahora son más compañeras, es cierto….un cálido abrazo Diego, es bueno volver por acá.